Reza Pahlavi: «la otra cara» del autoritarismo y un obstáculo para la formación de un levantamiento popular independiente
En un contexto en el que las protestas nacionales del pueblo iraní continúan con un altísimo costo humano, Reza Pahlavi vuelve a intentar presentarse, mediante una intensa exposición mediática, como una supuesta “opción de transición”. Estos intentos no surgen del corazón de la lucha, sino desde fuera del campo de batalla y después de que la sangre de miles de manifestantes haya sido derramada. Se trata de un patrón que recuerda una experiencia bien conocida en la historia contemporánea de Irán: **surfear la ola de un levantamiento popular para apropiarse del poder político**.
Política sin costo: los medios en lugar de la organización
Reza Pahlavi, a través de una serie de mensajes, se mueve siempre detrás de las protestas populares y, en lugar de presentar un programa claro para una transición democrática, se limita a promesas vagas y declaraciones vacías.
En estas apariciones, sin asumir ninguna responsabilidad ni costo político, llama a la gente a salir a las calles; pero al mismo tiempo no presenta cifras de las víctimas ni propone mecanismos concretos para apoyar a los manifestantes. Se trata, en la práctica, de **una invitación a una acción de alto riesgo sin ningún compromiso político real**.
La contradicción como método
En los últimos años, Reza Pahlavi ha adoptado repetidamente posturas contradictorias:
* desde afirmar que “no desea regresar a Irán” hasta declarar su “disposición a volver al país”
* desde su famosa frase “el cambio de régimen no está en mi vocabulario” hasta presentarse hoy como “líder del período de transición”
Estos cambios no son el resultado de una evolución intelectual, sino una señal clara de **oportunismo político en momentos de crisis**: un intento de subirse a una ola cuyo costo ha sido pagado por otros.
La legitimidad: preguntas sin respuesta
Reza Pahlavi nunca ha respondido de manera clara a las siguientes preguntas fundamentales:
* ¿De dónde proviene su legitimidad política? ¿De la herencia?
* ¿Por qué sigue utilizando el título de “príncipe”?
* ¿Está dispuesto a condenar explícitamente los crímenes estructurales del período Pahlavi?
* ¿Cuál es su posición respecto a la forma del futuro sistema político, los derechos de las minorías y la descentralización del poder?
* ¿Qué respuesta tiene sobre las enormes fortunas acumuladas por la familia Pahlavi?
El silencio o la evasión frente a estas preguntas revelan una profunda falta de compromiso con la transparencia democrática.
Vínculos con las fuerzas represivas: una señal de alarma grave
En una entrevista realizada en 2018, Reza Pahlavi declaró abiertamente que mantiene “contactos bilaterales” con la Guardia Revolucionaria (IRGC) y la milicia Basij, y que considera a estas fuerzas “necesarias para la transferencia del poder”. Esta postura demuestra claramente que no piensa en desmantelar la maquinaria represiva, sino en **reciclarla bajo una nueva forma**.
Asimismo, en una aplicación afirmó que miles de miembros de las fuerzas represivas se han puesto en contacto con él; las mismas fuerzas que, según la Resistencia iraní, asesinaron a más de 3.000 personas en las calles durante las protestas de 2026.
Una transición democrática apoyada en las mismas instituciones que han reprimido brutalmente al pueblo constituye una contradicción insoluble.
Un legado que se niega
Reza Pahlavi nunca ha condenado de forma clara e incondicional los crímenes estructurales del período Pahlavi:
desde el golpe de Estado de 1953 contra el gobierno de Mosaddegh, hasta la SAVAK, la tortura sistemática, el sistema de partido único y la corrupción financiera a gran escala. Esta negación histórica demuestra que el problema no es solo “el padre”, sino **la concepción misma del poder**.
Conclusión
Reza Pahlavi no es el representante del levantamiento popular, sino **un obstáculo para la construcción de una alternativa independiente, responsable y democrática**. Intenta reproducir la lógica del autoritarismo utilizando el lenguaje de la democracia; una lógica que ya ha conducido a una catástrofe bajo la República Islámica.
El lema actual del pueblo iraní no es casual:
**«Muerte al opresor, sea el Shah o el Líder»**.
El futuro de Irán no está en el retorno de una monarquía hereditaria ni en la continuidad del velayat-e faqih, sino en el establecimiento de una **república secular, democrática y basada en la libre voluntad del pueblo**.
